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Quieren demoler el Cine Teatro Urquiza. Por Arq. Rodolfo Livingston.

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El poder judicial, se apoya en reglamentos, sobre todo en el sacrosanto derecho a la propiedad privada ignorando, además, que esta tiene una función social reconocida en la constitución . Todo lo demás, incluyendo a la realidad completa, es “subjetivo”, o peor todavía “emocional”.”Si no figura en el expediente, no existe en el mundo” , sostienen sin inmutarse los leguleyos. No concuerdan con esto los buenos juristas que, como Jesucristo, han sostenido criterios anti reglamentarios, pero justos, como “el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”, frente a los fariseos, los leguleyos de entonces, que no dejaban de acosarlo

-¿Y qué es lo que quedaría de su vida, señora, si le quitaran todo lo que fue y es emoción, belleza y amor?, todo lo que no figura en el expediente? dije en la reciente audiencia informativa en un juzgado, junto a los vecinos de Parque Patricios, en presencia de la jueza que deberá decidir sobre el amparo y los representantes de los muy leguleyos abogados del gobierno de CABA

Un cine es un escenario fundamental en un barrio. Y un barrio, más la casa, y la ciudad, son nuestro habitat cercano. Cercenar el habitat es atacar, y hasta destruir una especie vegetal o animal…y somos una de ellas, y no precisamente los reyes de todas, como se creia. ¿Que queda de un barrio si le quitamos la esquina, el almacén, la plaza con la calesita, el bar y el cine, escenario de amores furtivos, de series inolvidables, de rabonas, de techos corredizos que nos sorprendían con la visión repentina del cielo estrellado y los inacabables franeleos en el superpullman (el Palais Royal, por ejemplo…) ?

Pero ya no es negocio Son negocio los pasillos oscuros y tortuosos con baldes de maíz, más caros que la entrada, reemplazando a los chocolatines; muchas salitas y no más salas inolvidables como la del cine teatro Opera (, arquitecto Bourdon1936,) techada con estrellas que parecían la noche verdadera y cientos de mármoles diferentes y falsos balcones, un cine mundialmente famoso elogiado por su acústica por cantantes y músicos de todos los países. Un edificio con belleza y con humor.

¿Es este el mundo “eficiente” que deseamos legar a nuestros hijos?
-Pero esos recuerdos no existen para las nuevas generaciones, responden los funcionarios que defienden la demolición del cine frente a su recuperación propuesta por los vecinos.
-Es cierto, los niños de hoy prefieren Mac Donald. ¿Por qué será entonces que los alemanes reconstruyeron Berlin, con tanto cuidado? ¿No hubiera sido mejor filas de shopings con juegos electrónicos y macdonalds? Muchos no vivimos el peronismo, ¿Perón nunca existió? Es lo mismo que sostener la inexistencia del nazismo para alguien que no lo vivió ¿No se encarga la cultura de unir la trama de las experiencias individuales? ¿Qué es, sino, la cultura?

Patrimonio; ¿un obstáculo para el progreso?
Ciertos lugares, árboles, bares, monumentos, caminos, casas, algunos objetos, son necesarios para mantener el hilo conductor de nuestra identidad. El exiliado ex-traña porque los nuevos espacios que lo rodean están fuera de sus entrañas. No importa el valor arquitectónico de los edificios sino su valor evocador-. Lo mismo pasa con los objetos, “Esta mesa, este espejo y estos cuadros guardan ecos del eco de tu voz” (del tango Ninguna, de Homero Manzi. Las letras de los tangos recrean espacios con el agregado de los sentimientos, y es así como percibimos y como recordamos)

El habitat está unido de forma indisoluble a la vida. Es imposible recordar cualquier momento de nuestro pasado sin que aparezca el recuerdo del lugar donde ocurrió. Los arquitectos sabemos que cuando escuchamos a una familia acerca del proyecto de la transformación de su casa, los padres empiezan con el relato de su vida, que los arquitectos debemos escuchar. Una casa no es un hecho solo “funcional”, es más. Y si no lo entendemos seremos albañiles, no arquitectos

La importancia del bien a preservar, el patrimonio, no reside tanto en el valor arquitectónico del edificio sino su valor como escenario en la memoria social El obelisco y la catedral en Buenos Aires carecen de valores arquitectónicos “propiamente dichos” y sin embargo a nadie se le ocurriría demolerlos, como tampoco a los bares cubanos “La bodeguita del medio” (una casa de barrio común y corriente) o el ”Floridita” en La Habana, adonde concurren miles y miles de turistas todos los días

Entonces, ¿no debemos cambiar nada? Nada de eso. Las ciudades, como las casas, mejoran con los cambios y agregados, siempre y cuando estos respondan a los valores humanos más importantes de la comunidad, como la memoria, la estética y las nuevas necesidades que hagan la vida más intensa y más feliz.
Un shopping puede coexistir con el almacén de barrio, como la radio coexiste con el cine y la televisión.

Como suele ocurrir con casi todo, se trata de pensar (verbo ausente en las campañas políticas) antes de “gestionar”, verbo preferido en las campañas políticas La forma de conciliar intereses opuestos como la vida y la propiedad privada es pensar. Cuando se dictó nuestra normativa el mundo era diferente Hoy la relación de poder entre los Estados nacionales y la propiedad de las corporaciones es de 1 a 495. Cuando el contexto se transforma de esta manera brutal, algo debe cambiar en los textos. La izquierda socialista europea no se dio cuenta de los cambios que se iban produciendo en el neoliberalismo y hoy quedaron en la derecha, desconcertados por movimientos como Podemos y otros.
Existen formas ingeniosas para lograr esta conciliación de intereses, a veces obvias como en el caso de los bares cubanos citados más arriba y otras ingeniosas que no alcanzo a
citar aquí.
En los gobiernos populistas es decir los que son del pueblo y para el pueblo, como definía Lincoln a la democracia, se opta sencillamente por el interés del pueblo, que es el interés de la vida. En Cuba, por ejemplo, hay 14 escuelas con un solo alumno, También un camión que trepa las montañas para llevar helados a un grupo mínimo de habitantes.
Volviendo al título de este segmento, habría que definir el concepto de progreso
Durante la última etapa neoliberal en el mundo se consideraba progreso el crecimiento del producto bruto mientras crecía el cierre de fábricas, la desocupación y la pobreza.
Los que adherimos a la nueva configuración de América latina debemos recordar que el nefasto periodo neoliberal no fue derrotado en todos los ámbitos, por ejemplo en la enseñanza de la economía que “atrasa 20 años”, según acaba de decir el ministro de economía Alex Kisillof.

Tampoco ha sido cuestionado el consumismo ni las formas de vida que genera, ni la estética ramplona de un shoping frente a un cine de barrio, entre otras cosa. Restituir con ingenio algunos cines de barrio, por ejemplo, sería un paso adelante en esta batalla de ideas, creencias y valores que siempre acompañan a los sistemas políticos. Coca Cola viene con la idea subliminal de que “todo va mejor con coca cola” aunque los millones de litros que se consumen diariamente no beneficien la salud de nadie. “A veces el progreso es reaccionario” dijo Ernesto Sábato )

Propuestas
• Existen disposiciones legales que protegen la identidad personal a diferencia del medio ambiente sano, que aun no es un bien tutelable.
Por ejemplo, la “cómoda “ donde se guarda la ropa, no es un bien embargable porque la ropa es parte de la identidad de una persona. Habría que estudiar la posibilidad de crear la figura de identidad social, determinada en asambleas barriales y no por funcionarios ligados al poder económico. Una ciudad es algo más que una sumatoria de propietarios
• La expropiación, de un terreno vacío sin uso durante décadas, lindante con un colegio estatal SIN PATIO (Escuela Mendoza. Espinosa y Donato Alvarez, ) cuyo proyecto duerme en la legislatura, sería una oportunidad para que el gobierno de la ciudad autónoma concrete la sensibilidad social que proclama
• Lo mismo vale para algunos cines de barrio. No se trata de “quitarle” el edificio a su dueño legal, sino de compensarlo correctamente.
También se podría compensar al propietario con un terreno o edificio municipal del mismo valor económico pero sin valor social. Y esos lugares abundan en Buenos Aires. Sería lo mismo que la reforma inteligente de una casa. No se trata tanto de “agregar” como de resignificar lugares. El barrio es también nuestra casa
Al mundo no le hacen falta más cosas sino cambiarlas de lugar.

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