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“Quemados”, un síndrome que afecta a las empresas

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Esto puede ser letal para la empresa. Si quien lo padece tiene un puesto de responsabilidad, en esta situación la persona hace mal su trabajo y ya no le importa.

Según Leonardo Medrano, ­docente de la Universidad Siglo 21 y coordinador de este estudio, dos escenarios se destacan. El primero es que los niveles de burn­out en Argentina son más altos, com­parados con estudios similares que se realizan en países desa­rrollados.

El segundo es que las causas no están ligadas a la cantidad de trabajo o al nivel del salario, sino que son varios los factores los que inciden, y esto dificulta establecer líneas de acción para reducir el agotamiento crónico.

En los trabajadores en relación de dependencia, los factores que más agotan son la falta de información y de f eedback (devolución acerca del trabajo que realizan) y la monotonía (escasez de variedad en las tareas); recién en tercer lugar está el nivel salarial y no tener la suficiente autonomía. Esto se potencia en los trabajadores independientes.

“En el estudio se encontró que las personas se estresan y se ‘queman’ porque sus líderes no son motivantes, o sus compañeros no les aportan valor, o su tarea cotidiana no les resulta desafiante o no están satisfechos con los beneficios económicos y no económicos que reciben por hacer su trabajo”, explica Carlos Spontón, también docente y parte del equipo investigador.

El burnout es un fenómeno que puede atravesar a todo tipo de organización y a cualquier nivel de trabajo. De hecho, hay sectores que antes no lo padecían y ahora sí lo sufren.

Esto afecta el desempeño laboral: reduce la productividad, aumenta la probabilidad de errores, genera conflictos con los compañeros, provoca accidentes laborales por desatención o cansancio, disminuye la calidad del trabajo por desconcentración mental y eleva la rotación laboral.

¿Cómo se detecta el burnout ? Según Medrano, el primer indicador lo da la familia. “El 25 por ciento de los casos se advierten cuando aumenta el conflicto entre familia y trabajo”, señala.

Acciones posibles

Medrano explica que el fenómeno contrario al burnout es el engagement (compromiso), que es el nivel óptimo en relación al empleo, en el cual la persona “rinde bien”, ya que alcanza una buena productividad y, además, logra calidad de vida.

Así como el burnout es provocado por el agotamiento, el engagement es generado por el vigor, y esto no se logra con más dinero o con un puesto más alto; de hecho, estos factores están en un cuarto y quinto puesto. Lo que genera más compromiso, y por lo tanto disminuye el estrés, es la posibilidad de lograr un mayor contacto social (lo contrario a la monotonía), recibir más información y feedback y alcanzar más autonomía.

“Disminuir las horas de trabajo solo tal vez reduzca el cansancio, pero no será menos cínico. Darle más contacto social lo hará verse menos cansado, pero no frenará el burnout . Mejorar el sueldo lo hará más orgulloso, pero no achicará el agotamiento. Entonces, la solución no pasa sólo por una medida, sino por un conjunto de medidas”, reflexiona Medrano.

Spontón, por su parte, señala que las empresas deben reorientarse al concepto de “organización saludable y eficiente”, tanto sea por sus valores como por cuidar sus números.

“Una organización saludable y eficiente es aquella que hace esfuerzos por realizar acciones planificadas para cuidar a sus empleados, para que no tengan burnout y así no perder eficiencia”, destaca.

Al respecto agrega: “Las estrategias pasan por diseñar los puestos de trabajo aportando recursos al empleado para que pueda resolver los problemas cotidianos. Mientras más satisfechos estén nuestros empleados con los recursos que les proveemos, menores van a ser sus niveles de burnout ”.

Pero apostar solamente a más recursos no alcanza. Será necesario lograr un descanso inteligente; esto es, que el trabajador pueda desconectarse, aunque esto también es un problema: “No estamos entrenados para manejar nuestro tiempo libre”, advierte el consultor.

Desenchufarse
Descanso inteligente. Desconectarse permite a las personas recuperarse.

El homeworking (llevarse el trabajo al hogar) o el workaholic (adictos al trabajo) son parte de la misma problemática. Al respecto, Medrano reflexiona: “Para evitar el burnout hace falta que las personas tengan un descanso inteligente, que se puedan desconectar para recuperarse. En algún momento, las empresas van a tener que enseñar a sus trabajadores cómo gestionar el tiempo libre. Pero en esto la ­tecnología juega en contra”.

22,5 por ciento de los trabajadores ­dicen que cada día les resulta más difícil comenzar una nueva jornada laboral.

Diego Davila – La Voz

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