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Jorge Drexler y Luciano Supervielle transformaron con su perfume el “Parque de la Luna”

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El artista charrúa Jorge Drexler y el músico franco uruguayo Luciano Supervielle plasmaron anoche en el Luna Park, a través de la magia de las palabras y los sonidos, una emotiva radiografía del camino que comenzaron a cultivar juntos en 1999.
Luego de años de transitar sendas separadas (el último trabajo en conjunto fue “12 segundos de oscuridad”, de 2006) los músicos pactaron su reencuentro en el marco de la gira “Perfume”, titulada así por el tema homónimo nacido en la explosión de la poesía de Drexler y el arte sonoro de Supervielle para Bajofondo.

La despedida de la seguidilla de shows en Argentina, que regaló floridos recitales en Rosario, La Plata, Córdoba y Tucumán, descubre su lugar sobre un escenario porteño, minimalista, intervenido únicamente con una tela cuya disposición remite a la idea de un reloj de arena.

Supervielle (que actualmente, y en paralelo a su carrera solista, comanda el piano, scratches, programación y es dj de la banda de tango electrónico Bajofondo), se hace visible frente a los ojos ansiosos del público e inaugura la noche con una profunda y colorida introducción de “El pianista del gueto de Varsovia”.

La gente -aún impaciente- alerta sobre la entrada de Drexler que, con guitarra en mano, comienza a cantar las estrofas de la canción que alude al escrito de Waldorff.

Acompañada por Carlos “Campi” Campón (bajo y programaciones), la dupla conquista un repertorio musical que contempla distintas etapas de Drexler, coautorías, alguna pieza del repertorio de Supervielle y más de una sorpresa.

“Que alegría más grande de volver aquí, al parque de la luna. Lo han llenado, están de la cabeza”, exclama el cantante con humor, agradece casi sin creer lo que ve, y añade (en referencia a la presentación de “Bailar en la cueva”) que “es un repertorio diferente a lo que escucharon hace un año quienes estaban aquí”.

La noche retoma su curso electrónico y teñido con un ápice experimental que se desintegra en el transcurso de los sonidos; entonces se hacen carne y gritos las siempre bellas “Causa y efecto”, “Polvo de estrellas” y “Sanar”.

Con la admiración cerca del cielo, el dúo decide homenajear al cantante y compositor Eduardo Mateo y “a los patriarcas -expresa Drexler- del candombe de mi ciudad”, y le da vida a la mezcla de “Tamborero” y “Mateo”, la primera de su autoría y la segunda con música de Supervielle; sin embargo no son ellos los únicos conmemorados esta noche: el músico se vuelve a enamorar de su teclado y ofrenda “Felisberto”, una pieza dedicada al pianista y escritor Felisberto Hernández.

Pero los recuerdos no quedan allí. También hacen respirar memorias y anécdotas de Mercedes Sosa, “una de mis intérpretes favoritas -sostiene Drexler-“, e interpreta su versión de “Volver a los 17”, de la chilena Violeta Parra.

“Además de grabar ‘Sea’, grabó ‘Me haces bien’. Es la primera canción mía que empezó a sonar mucho gracias a una publicidad. Durante un tiempo la miré como quién mira con extrañeza, y ella me la trajo de vuelta. Me enseñó a cantarla de nuevo”, dice emocionado y la interpreta dentro de un set acústico, en el que incluye “Parte del aire”, del álbum “La la la” grabado por Fito Páez y el “Flaco” Spinetta.

Los diálogos con la gente cobran una otra dimensión en la naturaleza del show. Rompen con humor la estructura vertical que se imagina en una presentación. La dinámica configurada en un amplio espacio lleno de desconocidos se altera.

Ahora los individuos se sumergen en una atmósfera informal, amistosa, llena de complicidad, juegos y alegrías compartidas, declaraciones de amor para con él y entre parejas que sienten la confianza para hacerlas públicas.

“No somos más que un puñado de mar, un capricho del sol, en la edad del cielo… -entona mientras se va dando cuenta de que las frases no mantienen el orden original de la canción y continúa cantando- empecé mal la letra, empecé por el final…”, se sincera aunque no es necesario, el público que ya lo había notado, ríe a carcajadas. Él improvisa, el público aplaude y toma la voz cantante. Esa capacidad de Drexler para transformar la confusión en alegría.

“Adonde van los pájaros”, “Eco”, “Fusión”, la que le da el nombre a la gira, “Perfume”, una canción “para Bajofondo, que estrenara una porteña maravillosa Adriana Varela. No vamos a cometer un acto de temeridad, cantar una canción que ya ha sido cantada por una de mis cantantes favoritas, y la vamos a cantar para ustedes”, “Universos paralelos” y “Deseo”, son otros de los temas que atraviesan la noche e invitan al final.

Recostados sobre la despedida y con la participación de Matías Cella en el bajo, se escuchan la alegre “Luna de rasqui”; “Bailar en la cueva”; “Bolivia”, una canción de “agradecimiento al país que diera asilo a mi padre, en el 39, y a mis abuelos que venían escapando de la Alemania nazi. Me pareció una generosidad enorme. Cuánto de eso tienen que decirnos hoy las leyes de migraciones en todos lados. Hay que acordarse de que la historia es un péndulo, hoy le toca a uno y mañana a otro”, relata Drexler con la oportuna necesidad de reivindicar el respeto por los inmigrantes; y la esperada “Todo se transforma”.

Telam

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