Aumentos, quejas y facturas en un enero caluroso

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Por el editor

El traspaso de subtes a la ciudad, con el sorpresivo, incremento de 125%; aumento en las facturas de gas por la quita del impuesto a la importación y la de subsidios en los servicios, generan desorientación en quienes siguen trabajando en la ciudad, mientras millones de argentinos veranean, sin percatarse de una realidad que encontraran a su vuelta.

Luego de la decisión que fue adoptada «para recuperar el severo atraso que acumula la tarifa, SBASE, dependiente del Gobierno de la Ciudad se desató un malestar generalizado incertidumbre y hasta reclamos que terminarán en la justicia, sumado a quita del subsidio por la importación de gas y los subsidios a los servicios que vienen, a caer sobre los trabajadores generan inquietud.

Mientas el jefe de Gobierno de la Ciudad Mauricio Macri jugaba un picadito amistoso con el gobernador de la Provincia de Buenos Aires en Mar del Plata, Daniel Scioli, La ciudad de Buenos Aires ayer fue un caos. A Macri, poco pareció importarte los usuarios que se agolparan en las boleterías de los subtes como en calientes días de viejas épocas, para poder hacer una diferencia especulativa, lícita para su economía domestica – laboral.

Lógicamente, el aumento sorpresivo anunciado por su gestión para recuperar, el 50% del subsidio nacional que le quitó al traspasarle el servicio, a pedido de la presidenta, públicamente pocos días antes de la operación por cadena nacional, no le dejaron alternativas para tomarlo.

Pero la respuesta no tardó en llegar, a «ese adelanto inducido», que se vio por cadena nacional y que dio la impresión de una pulseada ganada por el gobierno nacional, la administración Macri que pareció, no estar dispuesta a dejar mojarse la oreja, dio su revancha, y un día después anunciaba el aumento.

Algunos dicen que eran acuerdo pre existente desde que Macri ganó su reelección.

El aumento de 125%, en el subte y en el futuros de los servicios públicos, cuando paulatinamente se quiten los subsidios, no es descabellado, si tomamos en cuenta que las tarifas no se actualizaban desde los primeros años del 2000.

Qué desencadena en la población trabajadora:

El intercambio o negociación política de sectores de diferente pensamiento, cuando el impacto es directamente recibido por el usuario, da sensación de indefensión, de inquietud. Potenciada en la limitación de la compra de boletos y los cambios sobre la marcha, que, debido a la presión que van haciendo los usuarios, produce que los funcionarios vayan buscando alternativas, meramente de coyuntura presionados por la realidad, mas aún.

La incógnita que queda también, es: si el gobierno de la ciudad pedía más tiempo para analizar las políticas y contratos del traspaso. ¿Como un día después del traspaso, ya habían anunciado el aumento?

El resultado: largas colas en las estaciones de subte, quejas y apertura de molinetes anunciada por el gremio que apoya el traspaso, pero que no entiende la celeridad y la magnitud del ajuste.

El argentino es propenso a no asimilar, hasta que las cosas no suceden: los cambios y la magnitud de las nuevas medidas hasta que se concretan.

La mantención de los subsidios se hace imposible en una economía domestica, que, si bien crece, está influenciada por el contexto internacional y el reacomodamiento de todas las economías del mundo. Crecer a tasas Chinas no indica, que no hay que ajustar la caja. El cómo, lo fundamentarán los economistas y yo, no lo soy.

Es casualidad que se empiecen a controlar los sueldos del los empleados públicos? O la quita de los subsidios a los servicios?

Es cierto que los sueldos gracias a este gobierno, han ido aumentando, también la inflación, real y paralela y los servicios se mantuvieron sin cambios.

Lo que habría que analizar es porque?. Casinos, grandes industrias y negocios que les dejaban grandes ganancias mantuvieron ese beneficio y ahora los trabajadores verán de forma abrupta reflejado en sus bolsillos todos los aumentos juntos.

Ahora le ofrecen a la gente más pudiente, a través de una declaración jurada renunciar a un subsidio y le quitan todo subsidio a los servicios.
Cuando hablo de pudientes son los que nunca se dieron cuenta y ahora renunciaron o los renunciaron. Los mismos que salieron con sus cacerolas cuando les tocaron los fondos en el 2001 y que justamente se benefician con muchas medidas de este gobierno, pero son los que más lo critican.

Que, no són, los miles que trabajan a diario por un magro sueldo o padecen las penúrias de patrones ricos que los explotan como en la época de la esclavitud, así pasa en la peluquería de un mediatico coiffeur, ubicada entre la Plaza de los Dos Congresos y la Casa Rosada. En ella se puede ver como a un empleado trabaja de 9 a 20 hs. Lo hacen figurar en el recibo medio tiempo y le dan un horario para aprenderse de memoria «por si vienen del Ministerio de trabajo». Le pagan por una categoria que no existe en el sindicato de peluqueria, cuyo mínimo garantizato tiene por convenio $ 3,300, y cobra por 30 días de trabajo y 11 horas por día $ 1,320.

Como si esto fuera poco, «Coiffeur» les dora la pildora diciendoles que tienen que agradecerle por trabajar y que pueden chapear con su nombre en cualquier lado, como si eso les diera de comer con los sueldos flacos que paga, y para remartarla, cómo condición tienen que firmarle otro documento que dice «recibí», en el que les hace poner de puño y letra, la cifra de » $1,500 y la firma del empleado. El cuerpo del documento queda en blanco.

Este es sólo uno caso, pero hay miles.

Estas son las diferencias laborales y sociales que siguen existiendo de clases y sobre éstos últimos es donde cae el peso de los aumentos y esa es una deuda que hay que saldar y controlar: la del trabajador común: el obrero, equilibrar mejor, controlar mejor, distribuir mejor.

Los aumentos en los servicios, es el comienzo de una serie de medidas tendientes a acomodar las cuentas fiscales, en que todos coinciden, gobierno y oposición, lo que sucede es que si la quita gradual de los subsidios se hubiese hecho paulatinamente a la par de los aumentos anuales de sueldo de los trabajadores, quizás, el impacto hubiese sido menor.

Ahora, el reacomodamiento del Estado recaerá con gruesos porcentajes sobre el bolsillo de los trabajadores, que es verdad disfrutan de mejores condiciones de vida, televisores planos, celulares, notebook y netbook de última generación a los que han podido acceder gracias a las políticas de consumo de las que nos beneficiamos todos, entre los que me incluyo, pero, que pesaran comparada con los aumentos de sueldo que se empiezan a rondar que tendrían un piso de 20% que no alcanzará para los cientos de pesos bimestrales o mensuales, que no tenían previstos gastar en impuestos, y que seguramente influirán directamente en el consumo.

Es cierto que hemos crecido y estamos mejor, pero las políticas implementadas siempre tienen sus pro y sus contras, lo que siempre es claro, que no interesa, de que sector político venga, cuando hay aumentos ,lo pagan, venga el gobierno de cualquier color político los que tienen que seguir trabjando para cubrir el mes: Los comunes.

Los ajustes fiscales son buenos en tiempo y forma. Los pases de facturas por «calenturas» entre las internas de los gobiernos de distinto color políticos generan en la población sensación de inquietud que solo hacen que los mas concientes de la clase trabajadora comiencen a sentirse angustiados, tememoros por lo que vendrá y comiencen a enfriar sus gastos previendo, algo que quizás no pase. Mientras que miles veranean en las costas y se encontrarán con la realidad consumada cuando vuelvan.

A veces con razón, y, a veces exageradamente, solo el tiempo lo dirá.

PD: Yo viajo en subte y colectivo para ir a trabajar. No tengo vivienda propia, porque trabajo hace 25 años tengo 42 y nunca pude acceder a un préstamo hipotecario por sus requisitos, ni tengo automóvil.

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