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Iggy Pop encendió el escenario del Festival BUE

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“Ey, security guys: dejen subir a algunos al escenario”, pidió Iggy Pop de repente, en medio del clímax de Repo Man, ahí cuando la descarga guitarrera de Kevin Armstrong se encontraba con el machaque sin pausa del baterista Mat Hector. Entonces, cuatro muchachos en cuero llegaron a cumplir el sueño de ser Iggy Pop por un rato, justo al lado del original, el único. Abajo, otros treinta que pugnaban por lo mismo, lo lograron desbordando a los encargados de la seguridad y desmadrando el panorama. Rodeado por el enjambre y pidiendo que no lo lastimaran, Pop sonaba arrepentido de su idea: las tablas fueron desalojadas recién en la mitad de Search And Destroy, el indestructible clásico de los Stooges que sonó a continuación.

La insólita escena fue apenas un detalle de un público enfervorizado y que no paró de armar rondas de pogo, y para el que Iggy fue Dios y Diablo. Desde el minuto cero, con el arrollador inicio dado por la triada I Wanna Be Your Dog, The Passenger y Lust For Life, estuvo al palo y con ganas de verse cara a cara con su gente. Tomó aire al mismo tiempo en que cantó, aulló, saltó, hizo muecas, bailó, bajó hasta el vallado, saludó. Auténtico, imparable como siempre, sigue siendo el primer trabajador: será el último en abandonar el escenario cuando suene el último acorde. Y en épocas de tatuajes horrorosamente extremos, la Iguana volvió a lucir su característico torso libre de tinta, orgulloso de esas arrugas y pliegues que los años (casi 70) dibujaron en su piel. Marcas del camino recorrido por un tipo que moldeó el punk y el garage, mostrándole el camino a varias generaciones de bandas que hicieron carrera deformando el riff de, por ejemplo, 1969. O queriéndose impregnar del perfume hipnótico y percusivo de Nightclubbing, otro de los grandes momentos del set superclásico de Pop, que contó con Gardenia como única novedad (de Post Pop Depression, editado este año). Una tenue lluvia que amagó con ser tormenta, se desprendía del cielo nublado que escondía una enorme luna llena, mientras Iggy terminaba la faena con el hit agridulce Candy, tras las descargas de Raw Power y No Fun.
La primera jornada del BUE requirió una caminata extendida por el amplio predio de Tecnópolis, que se fue llenando de público acorde al ritmo del viernes laboral y mientras la tarde iba perdiendo su luz natural. Al ser un evento exclusivo para mayores de 18 y con Heineken como uno de los sponsors principales del evento, se dio algo poco habitual en festivales y shows grandes organizados en Buenos Aires: venta de cerveza. Entre trago y trago, las opciones se repartieron balanceando variedad de estilos y novedades. Una de ellas fue el debut en Buenos Aires de los Libertines: discípulos de Iggy, la banda liderada por la dupla de cantantes / guitarristas Pete Doherty y Carl Barat sonó monótona, sucia y desprolija, pero sin el aura ni la sorpresa de cuando irrumpieron como “la gran cosa nueva” del rock británico en los primeros 2000.

Tras superar tempestades, desencuentros y adicciones peligrosas, volvieron a juntarse y editaron un disco (Anthems for Doomed Youth) del cual interpretaron algunas canciones como Barbarians y You’re My Waterloo. Así, saldaron su deuda con un público local que fue muy demostrativo y que les hizo saber que realmente los estuvieron esperando en todos estos años. La banda devolvió con cantitos de cancha criollos (“Libertines va a salir campeóóóón”) y un guiño con la tapa de su primer álbum (Up The Bracket) como telón, ampliando las espaldas de unos agentes de la Policía Federal Argentina durante la revuelta social de diciembre de 2001.
Más temprano y también al aire libre, El mató a un policía motorizado fue el mayor exponente nacional de la jornada, presentando una hora de su rock fuerte y de distorsión suave, de eterna cadencia pop en espiral ascendente que estalla con esos grandes eslogans que hacen de estribillos. Una de esas es Mujeres bellas y fuertes, que sin quererlo, estaba poniéndole título a una sucesión de shows en el escenario cubierto: La Mala Rodríguez, Miss Bolivia y Bomba Estéreo pelaron sus diferentes maneras de rapear siendo mujer. Primero, la española no escondió curvas y disparó rimas filosas, con carácter (“Sin reputación no hay respeto”, asegura en Por la noche). Alerta a la actualidad, Miss Bolivia presentó a capella un tema nuevo que se llama Paren de matarnos, que pone atención en el drama de los femicidios, además de darse el gusto de versionar a Todos Tus Muertos (Gente que no). Y el combo colombiano liderado por Li Saumet fue elegante con su cumbia amazónica combinada con beats electrónicos, presentando novedades como Sólo tú, Soy yo y Caderas.

El Festival BUE continúa el sábado 15 desde las 17, en Tecnópolis, con Capital Cities, Pet Shop Boys, The Fleming Lips, Wilco, y los locales Juana Molina, Nelumbo y Barco, entre otros.

Clarin


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